Las élites franco-alemanas quieren una España débil

El mismo Tribunal Constitucional Alemán rechazó tajantemente en 2017 la posibilidad de un referéndum por la independencia en Baviera, afirmando explícitamente que “en la constitución no caben las aspiraciones secesionistas de länder individuales”. Entonces, ¿por qué el canal público alemán ataca la unidad de España?, ¿por qué utilizan el procés catalán como arma para dar rienda suelta a su histórica inquina contra España?  

Acabamos de asistir a una entrevista de la cadena pública alemana Deustche Welle -que depende directamente del gobierno germano- al ministro de Exteriores español, Josep Borrell, diseñada desde el primer al último minuto con el objetivo de hacer daño a nuestro país, hurgando en la “herida catalana”.  

El periodista de la televisión germana afirma que el juicio contra los dirigentes independentista “no será justo”, plantea que “la justicia española no es independiente”; atreviéndose a comparar a Carmè Forcadell, la ex presidenta del Parlament que impulsó la aprobación de la DUI, con “una abuela de 63 años, en aislamiento 15 horas al día, sin haber hecho nada ni estar condenada”; y culminando sus ataques con la exigencia de que España acometa una reforma constitucional para “reformar las disposiciones que ilegalizan la independencia”.   Si quiere que le demos alguna credibilidad, este periodista debería en primer lugar exigir una reforma en profundidad de la Constitución alemana… que ilegaliza cualquier pretensión disgregadora. Así lo determinó el Tribunal Constitucional Alemán en 2017, rechazando tajantemente la posibilidad de un referéndum por  la independencia en Baviera, y afirmando explícitamente que “en la constitución no caben las aspiraciones secesionistas de länder individuales”.  

Evidentemente Deustche Welle no ha permitido ninguna entrevista a un ministro alemán para exigir que la constitución germana permita desguazar el país… pero lo exige vehementemente para España.  

Y por su parte, las élites francesas llevan este doble rasero hasta el extremo del delirio. Hace pocos días 41 senadores galos denunciaron “las represiones de las que son víctimas cargos electos legítimos, representantes políticos de la Generalitat de Cataluña encarcelados o forzados al exilio por sus opiniones”, afirmando que “esta situación es un verdadero ataque a los derechos y libertades democráticas”, y reclamando “una mediación internacional” para solucionar “el conflicto catalán”.  

No se escuchó ninguna protesta de estos senadores, ni ninguna denuncia, sobre la represión contra Cataluña cuando el Senado galo rechazó por mayoría absoluta una proposición para que el catalán y el euskera se incluyeran como lenguas oficiales, bajo el argumento de que “eso supondría la ruptura de la unidad de Francia”.  

En el país vecino el catalán y el euskera son ilegales y perseguidos, no disponen de ninguna protección, no se enseñan en las escuelas, y han sido virtualmente exterminados. Pero, para los senadores franceses, es España el Estado que reprime las aspiraciones de Cataluña.   El nivel de autonomía de las regiones francesas es tan inexistente que en 2015 el gobierno central galo impuso una reducción de su número de 22 a 13, agrupando unas con otras. Es como si en España se impusiera, para ahorrar gastos, que Cataluña se juntara con Aragón, y Galicia con Asturias. Pero ninguno de los senadores galos que hoy arremeten contra España por “violar las libertades catalanas” alzó la voz ante tan escandalosa intromisión de París.  

El mensaje de las élites francesas y alemanas es claro: no permitimos que nadie discuta nuestra unidad, pero hacemos propaganda para que se cuestione la de España.



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