Nada, ni nadie como Dios

El concepto de Dios occidental, un Dios Omnipotente, Omnipotente en poder, bondad, verdad. Un Dios personal es esencial y ha sido esencial en el desarrollo de todos los aspectos de la realidad humana, individual y colectiva, social y estatal.

                        Una persona humana o un colectivo o grupo o ideología, puede tener unas ideas o sistemas de ideas o tener otro, unos hábitos u otros. Pueden ser más correctos o menos incorrectos, en relación a la realidad-verdad o a la realidad-bien-bondad, pero una persona con graves errores morales, por poner un ejemplo, sean teóricos o prácticos, ha sido consciente, siempre, durante siglos, que “nada, ni nadie es como Dios”.

                        Sin entrar en diferencias, dentro de las tres grandes tradiciones religiosas occidentales, judaísmo, cristianismo e islamismo, siempre se ha sido consciente, que Nada es como Dios, nadie es como Dios, ese Dios con esas características de ser Personal Eterno Trascendente.

                        Estamos pasando diríamos estos dos últimos siglos, recibiendo, una enorme cantidad de ideas que han ido cambiando y modificando todo, y cuándo digo todo es todo. La cuestión es saber, cuándo y qué y cómo y cuánto unas ideas, son verídicas, verdaderas, posibles, probables, tanto en la explicación de la realidad, o de los trozos de la realidad, y al mismo tiempo, son o llevan en sí, lo que se han denominado trascendentales durante siglos: realidad como verdad, como bondad o bien, como belleza, como racionalidad, prudencia, utilidad, etc.

                        Ante las posturas prácticas y filosóficas ante Dios, existe el teísmo, o la aptitud de expresar que existe Dios y existen suficientes indicios de que existe; el ateísmo, que expresan que no existe y expresan que hay indicios suficientes de que no existe, el escepticismo metafísico o religioso o agnosticismo, que no sabe si existe o si no existe, no se tienen suficientes pruebas; el maniqueísmo que plantea dos grandes principios, el del bien y el del mal, y están eternamente luchando entre sí, como dos entidades de igual poder e igual estructura; el deísmo, que defienden que existe Dios, pero que Dios no se ocupa de los seres humanos; el “antiteísmo”, postura que saben que existe Dios, pero por razones diferentes, siempre basándose en argumentos de libertad, de supuesta filantropía, de alguna manera, odian a Dios, contra-Dios.

                        De todas las posiciones filosóficas y de la vida práctica con respecto a Dios, hasta ahora, se sea más creyente o se sea menos, la mayoritaria, en el mundo, ciertamente incardinadas de diferente modo en la realidad cultural, la mayoritaria es el teísmo, sea un teísmo chamánico de las religiones prehistóricas y de culturas, mal llamadas primitivas, después se ha ido incardinado en politeísmos, en mayores o menores grados, casi siempre caminando hacia una jerarquía de dioses, siempre caminando hacia un monoteísmo, y los monoteísmos occidentales…

                        Pero el antiteísmo, que no es lo mismo que el ateísmo, ya que este último, podríamos definirlo, sin-Dios, y por tanto, no creen que existe Dios, y pueden creer que en mayor o menor grado, las religiones positivas existentes, hay que reducirles su presencia, por cuestiones sociopolíticas, etc.

                        En cambio el anti-teísmo, es contra-Dios, es decir, creen y saben y conocen que existe Dios, pero se niegan, en la teoría y en la práctica, adorar a Dios, y se buscan otro principio de adoración o de alabanza, otro elemento que suele ir contra el Dios occidental, el Dios de la Bondad-Providencia-Eternidad-Verdad-etc., y especialmente, “contra el Dios del cristianismo”, contra el Nazareno, como Dios, como Hijo de Dios, como parte de la Trinidad, que es el concepto de
Dios que la humanidad ha alcanzado o se le ha revelado como el más superior…

                        Las ideas-conceptos, las grandes ideas-conceptos son esenciales, porque de ellas parten mil ríos y llenan mil mares, tienen consecuencias enormes. Un mundo, sin Dios, sería totalmente diferente al que conocemos, posiblemente un mundo sin el Dios monoteísta, y en particular el cristiano, podría tener muchas posibilidades de su autoextinción.

                        El Dios occidental, para incluir las tres grandes corrientes de Dios existentes aún, sin entrar en otros aspectos, sigue siendo esencial, para que la especie humana, la humanidad sobreviva. En el fondo, a mi entender, la civilización y la humanidad y la especie y las sociedades y el Estado todavía se mantienen, le es absolutamente necesario el concepto de Dios.

                        Si nos fijamos en el siglo XX, las dos grandes corrientes ideológicas no-democráticas, que tomaron el poder, el poder sociopolítico en una gran parte del mundo y, el poder del Estado, que eran ateas, convirtieron los campos, basándose en una bandera o en otras, en un lugar y en otro, llenaron el mundo de sangre, aunque pudiesen apoyarse en grandes ideas utópicas o filantrópicas o sociales o ideológicas, en esa combinación de temor colectivo, de la dialéctica de la historia y de la Historia, de las nuevas antropologías, etc., llenaron el mundo de utopías-desutopías, al mismo tiempo.

                        En cambio las grandes corrientes ideológicas democráticas, en mayor o menor grado que eran teístas, con sus diferencias, permitieron que en los territorios donde se asentaron y tenían el poder, no se cometieron esas graves crueldades e injusticias…

                        Ha sido evidente, que Dios, ese Dios Moderado, Racional, Prudente, Infinito, Providente, Misterioso y Enigma, es absolutamente necesario para que el ser humano, individual y colectivo sobreviva.

                        La inmensa mayoría de seres humanos, caemos en un mal moral o espiritual, o en otro. Pero la inmensa mayoría hemos sabido que el concepto de Dios, el Dios occidental, judío o cristiano o islámico es superior sobre cualquier otro ser, que podamos inventarnos o crearnos. Nada puede sustituir a ese Dios, ni siquiera, aunque existan miles o millones de civilizaciones extraterrestres. La humanidad, usted y todos los demás, siguen necesitando a Dios, a ese Dios Personal Providente, aunque nos parezca misterioso y es el Misterio, como nos diría Otto.

                        Nada, ni nadie es como Dios. Incluso si no existiese Dios, cosa que nadie ha demostrado hasta ahora, aunque no existiese Dios, el ser humano necesita a Dios, a ese Dios de la Eternidad y de la Providencia, ese Dios Personal, que no se opone a la libertad humana, a la razón humana, y sobretodo el ser humano, especialmente la humanidad necesita al Dios de Nazaret, a Jesús el Nazareno, como Hijo de Dios.

                        Usted o yo, podemos no seguir las normas morales, sean a nivel teórico o a nivel práctico, pero tenga mucho cuidado, en sustituir ese Dios Providente Eterno y Personal, por otro principio, tenga usted mucho cuidado, porque como se dice en la tradición bíblica, como indicó el arcángel san Miguel: “Nada es como Dios”, nos atrevemos a indicar. “Nada, ni nadie es como Dios, en el universo o en trillones de universos que pudiesen existir, paralelos o no, de una o múltiples dimensiones, naturales o espirituales…”.                     



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