Una de fiscales

«En todas las partes cuecen habas», a lo que Cervantes adicionó en El Quijote «y en la mía a calderadas» o, lo que es lo mismo, en todos los ámbitos hay disgustos y problemas.

En efecto, si los jueces vienen ocupando el centro de la crítica social y política en los últimos tiempos, los fiscales, que, como veremos, pudieron optar por ser jueces, no quieren quedar rezagados y se suman a la polémica, aunque por motivos diferentes.

Si hay un caso que destaca sobre los demás es el suscitado a partir de las críticas y lamentos públicos efectuados por el exfiscal superior de Murcia Manuel López Bernal con ocasión de su relevo.

Para contextualizar los gimoteos del Sr. Bernal bueno será –y los no iniciados lo agradecerán- trazar a grandes rasgos las características y ubicación del Ministerio Fiscal en la organización institucional.

Jueces y fiscales integran el poder judicial, que, conjuntamente con el ejecutivo y el legislativo, configuran las tres esferas en que se organiza el sistema desde que en el siglo XVIII, y tras la Revolución Francesa, tomó carta de naturaleza la teoría de la división de poderes articulada por Montesquieu y que es característica de los sistemas democráticos.

Ambos, jueces y fiscales, ingresan en la carrera a través de la misma convocatoria, con arreglo a idéntico programa y por el sistema de oposición. Los jueces se integran en la carrera judicial y los fiscales, en la carrera fiscal.

¿Quiénes pasan a ser jueces y quiénes a ser fiscales?

Son los candidatos aprobados los que optan por una u otra carrera según el orden de puntuación. Lo harán -me imagino- en función de su personalidad. Conviene aclarar que el único medio de acceso a la carrera fiscal es la oposición. Sin embargo, se puede ser juez por oposición, por el cuarto turno y por designación autonómica.

Una primera conclusión podemos obtener de lo dicho hasta ahora. El sistema, para defender el interés público, solo quiere a los mejores, pero para juzgar a los ciudadanos valen los mejores, los del cuarto turno y los de designación autonómica.

Los jueces son independientes, lo que significa que nadie puede interferir en su labor, ni siquiera los tribunales superiores, que solo podrán corregirlos con ocasión del conocimiento de los recursos. Los fiscales, sin embargo, se integran en una organización jerárquica cuya cúspide la ocupa el Fiscal General del Estado, que, en el legítimo ejercicio de sus facultades, puede dar instrucciones al resto de los fiscales.

Siendo este el panorama, el Sr. Bernal, que había sido nombrado Fiscal Superior de Murcia por el ínclito Zapatero dactilarmente, como es propio de estos cargos, cuando es relevado de su puesto también dactilarmente, denuncia intentos de intimidación y presiones políticas, así como la desprotección que sufren quienes se dedican a causas de corrupción, y lo hace en el transcurso de una entrevista a una cadena de radio. Cuestiona, además, la intervención del Fiscal General del Estado en el proceso que se pretendía seguir por la trama Púnica al Presidente de la región de Murcia, proceso instigado por dos fiscales de dicha región cuyo informe fue contradicho por el Fiscal General del Estado tras consultar con cuatro fiscales de sala del Supremo y la Secretaría Técnica, quienes consideraron, por unaninimidad, que no concurría ilegalidad alguna, dejando sin efecto, por tanto, los intentos de la fiscalía de dicha comunidad de investigar a su Presidente.

El Sr. Bernal es un fiscal polémico; fue objeto de dos querellas, una por delito urbanístico y otra por tráfico de influencias, aunque ambas fueron desestimadas. Quizá pudo optar por ser juez y gozar de total independencia, pero siendo fiscal debe respetar la jerarquía. Su actuación es similar a la del opositor que tras suspender recurre las bases de la convocatoria.

No le pedimos al Sr. Bernal que sea un devoto de la obediencia como el fundador de la Compañía de Jesús; solo le recordamos que para saber mandar hay que saber obedecer y que donde reina la justicia, como debiera ser el caso, obedecer es ser libre.

 

 



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