Álvarez-Cascos toma posesión como Presidente con un discurso "de gran altura institucional"

Álvarez-Cascos toma posesión como Presidente con un discurso "de gran altura institucional"

El Presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, tomó posesión este sábado de su cargo en la junta General del Principado, con presencia de representaciones del más alto nivel de los distintos estamentos de la sociedad asturiana, así como del Gobierno saliente y, en representación del Gobierno de España de la Ministra de Medio Rural y Marino.

 

Álvarez-Cascos citó en su discurso a todos los expresidentes del Principado, algunos de ellos presentes en la Cámara, como Pedro De Silva, quien elogió la altura institucional y magistral elaboración del discurso del Presidente, discurso que calificó de "pieza política ejemplar", mostrándose dispuesto a escuchar los consejos de todos ellos. En su mayoría, los políticos de los distintos partidos presentes en la Junta General, así como el presidente de FADE y otras personalidades, desearon al nuevo Gobierno el mayor de los éxitos e hicieron un llamamiento a colaborar con el Gobierno por el bien de todos los asturianos.

 

 

 

 

 

 

 

EL DISCURSO

 

 

Señoras y Señores:

 

Muchas gracias a todos los que habéis acudido a acompañarnos en este acto de relevo en la Presidencia del Principado, en esta sede de la Junta General del Principado, que es la casa de todos los asturianos.

 

Quisiera que este momento fuese tan importante para cada asturiana y para cada asturiano como lo es para mí. Tan importante, tan emotivo y de tanto compromiso. La historia de los pueblos ni tiene paréntesis ni tiene atajos, pero sí se dan situaciones o ceremonias, como la presente, que sobrepasan lo ritual para convertirse en trascendental, en una renovación del compromiso consciente de todos los asturianos con su tierra, con su paisanaje, con su paisaje, con la libertad, con la justicia social, con la esperanza

 

Si este día sólo fuese importante para mí, habría de reconocer, de entrada, mi fracaso. Por eso, mis primeras palabras tienen que ser una convocatoria a la ilusión, al esfuerzo y al sacrificio, a que todos los asturianos seamos conscientes de que navegamos en el mismo barco, sacudido por el mismo oleaje, remando en la misma dirección, y celebrando hoy la esperanza de una nueva etapa. No hago una convocatoria retórica y vacía de contenidos sino una verdadera llamada, un clamor, un grito que nos inste a la unidad, a la reflexión y al esfuerzo. Como presidente de Asturias, sacaré incansablemente energías y coraje para liderar este nuevo período político y social de Asturias, sin que la disculpa de la “herencia recibida” sea un parapeto para esconder la inoperancia, sin borrar el pasado para dibujar sobre blanco un futuro mejor, porque entre todos, en las manos de todos, está hacer posible el sueño necesario de una Asturias en que tengan su aposento el progreso, la imaginación, la transparencia, y la decencia cívica de la lucha por la vida personal y colectiva. A este objetivo dedicaré todas mis energías, al lado de mi equipo de Gobierno y con las puertas abiertas a todos los asturianos.

 

Son obligadas, por respeto y por gratitud, unas palabras de reconocimiento hacia quienes me han precedido en este cargo: Rafael Fernández, ya fallecido, Pedro de Silva, Juan Luís Rodríguez-Vigil, Antonio Trevín, Sergio Marqués y Vicente Álvarez Areces. Con todos ellos he convivido, de uno u otro modo, en la actividad pública, de todos he aprendido y a todos les ofrezco mi colaboración y les solicito su consejo. Deseo asumir la Presidencia del Gobierno del Principado de Asturias con la cautela de quien es consciente de que no todas sus decisiones van a estar marcadas por el acierto o la fortuna, pero seguro de que mis yerros o mis fallos jamás se deberán a un déficit de esfuerzo, a una carencia de la voluntad, a un escurrir el bulto o practicar la táctica del avestruz.

 

Solo quien reconoce la dimensión del obstáculo es capaz de superarlo. Sólo quien tiene presentes sus limitaciones y sus defectos es capaz de ponerse en el lugar de los otros, de añadir a su propia visión de la realidad lo que contemplan ojos ajenos. Es un ejercicio cuya práctica me exijo desde la juventud, de modo que nada de lo que sucede en Asturias me resulte ajeno. Sin falsa humildad, les diré que el nuevo Presidente del Principado ni es un triunfador -aunque su formación política haya obtenido en las urnas unos excelentes resultados- ni es un afortunado, aún teniendo la fortuna de ser asturiano. Creo en el aforismo cervantino que “no es un hombre más que otro si no hace más que otro”, si no hace más que los otros por los demás, y el espejo en que se refleja tu rostro cada mañana también debería de reflejar, en la satisfacción o en la inquietud, los rostros de un millón de asturianos.

 

Porque no somos “adanistas”, reconozco que hay muchas cosas muy bien hechas por nuestros predecesores, que tenemos un pasado donde mirarnos con orgullo, que hubo tiempos memorables, aquellos tiempos donde Asturias encabezaba el movimiento ilustrado español con Jovellanos al frente, o luchaba en primera línea contra el absolutismo y lideraba el naciente liberalismo europeísta con personajes como Agustín Argüelles, Toreno, Riego ó Flórez Estrada, o impulsaba la nueva política social en España gracias a Posada, a Buylla o al fundador del Partido Reformista, Melquíades Alvarez, o creaba un gran movimiento obrero moderno encabezado por Manuel Llaneza al servicio de los clase trabajadora o, en fin, empujaba la economía nacional gracias a nuestro carbón, a nuestro acero, a nuestro zinc, a nuestros barcos y a nuestros bienes de equipo.

 

El hecho indiscutible de “la conciencia de identidad regional” del que hablaba en 1976  Pedro de Silva en su libro “El regionalismo asturiano” viene de muy lejos. En el alma asturiana hace siglos que se gesta un aliento histórico regional muy fuerte que se remonta hasta Jovellanos, de quien el profesor José Miguel Caso llegó a afirmar que “fue, que yo sepa, el primero en formular algo parecido a lo que hoy llamamos España de las Autonomías”, aliento que cobra impulso después de la consolidación del Estado liberal centralista en la primera mitad del siglo XIX, con los Caveda padre, íntimo amigo del prócer gijonés, e hijo y que se reaviva con notable intensidad a comienzos del siglo XX.

 

El hecho regionalista asturiano viene avalado por la peculiaridad histórica, geográfica, administrativa, cultural y lingüística de nuestra región. Algunos datos concretos acreditan esa conciencia regional expresada en el último siglo, empezando por la petición del concierto económico   -como el vasco y el navarro- que harían suya la Cámara de Comercio de Oviedo y, después, el vizconde de Campogrande, Ceferino Alonso y José González en su célebre proclama “”Doctrina asturianista, aprobada por la Junta Regionalista del Principado en 1918, donde se afirmaba que “Asturias siente hondamente el Regionalismo y el progreso de la idea es grande, a pesar de que hasta hace poco no ha comenzado a dar forma a su ideal, que oculto por las corruptelas políticas nunca cesó de latir en el corazón de los asturianos”, y vinculaba regionalismo con regeneración, como se expresa literalmente en el mismo documento histórico con estas palabras, al subrayar que la verdadera autonomía “producirá la regeneración completa de nuestra vida política y administrativa”, para concluir que la doctrina regionalista “no es separatista, por ser ella misma el fundamento, la entraña de la nacionalidad española”.

 

Más tarde, otros notables asturianos dieron vuelta a aquel regionalismo integral, dotándolo de un matiz más económico, como el formulado por Nicanor de las Alas Pumariño en su libro “Verdadero Regionalismo Asturiano”, promovido por la llamada “Liga pro Asturias” , al que seguirían otros pronunciamientos como los de Ramón Argüelles, Sabino Alvarez-Gendín, y el propio Melquíades Alvarez, que había fundado el Partido Reformista gracias al apoyo de algunos importantes empresarios e indianos asturianos, y que siempre puso su organización en defensa de los intereses económicos y políticos de Asturias.

 

Decía Ortega y Gasset, militante del partido de Melquíades Alvarez, que el problema que tenían los reformistas españoles es que ellos eran una generación sin maestros. Nosotros afortunadamente no, sabemos de donde venimos, tenemos espejos donde mirarnos, amamos nuestro pasado y queremos  continuar la noble tarea histórica de hacer una Asturias mejor, más culta, más ilustrada, más justa y más próspera, donde no quepan ni la indignación, ni la marginalidad, ni la exclusión. Queremos, y lo decimos bien alto en esta noble Junta General del Principado, sentirnos orgullosos de ser asturianos

 

Como todos los asturianos, tenemos la cabeza en España y en el mundo, el corazón en Asturias, y los pies en el suelo, y desde este anclaje vamos a luchar porque en España se oiga, se escuche y se respete nuestra voz, y puedan decidir nuestros votos para hacer una Asturias mejor para todos los asturianos, que comience por transformarse en una Asturias de acogida más que de despedida para sus hijos. Empleando por pincel una pluma y por lienzo unos papeles, nadie retrató nuestra tierra y nuestras gentes con tanta maestría y hondura como Valentín Andrés Alvarez  en su “Guía espiritual de Asturias y obra escogida”. Decía el polifacético moscón que “para hablar con exactitud de Asturias, hay que combatir, previamente, un error. Asturias no termina en los límites que se le señalan dentro del mapa de España; es muchísimo más porque nos pertenece; es Asturias un gran trozo de Madrid donde hay más de setenta mil asturianos, y una gran parte de Cuba, de la Argentina y de Méjico, un barrio de Nueva York, casi toda la ciudad de Tampa y etc.etc. Si pensamos en el número de asturianos que hay en el mundo y en la riqueza que poseen, nos damos cuenta de que Asturias tiene, fuera de sus límites, acaso tanto como dentro de ellos. Puede asegurarse que si un buen día todos los asturianos del planeta realizasen el sueño de regresar a la “tierrina”, no cabrían en ella; habría que ensanchar las ciudades, aumentar las villas y multiplicar las aldeas; y si trajesen consigo las riquezas que poseen, Asturias sería, además, la tierra más poblada, la más rica”.

 

¿Por qué no soñar con una Asturias de acogida para todos? ¿Por qué no intentar que el sueño de una tierra sin fronteras se haga realidad? Este es el sueño con el que algunos nos despertamos con fuerza cada mañana y que hoy se torna en el insobornable empeño de contribuir al resurgimiento de nuestro país, para que todas las asturianas y los asturianos tengan cabida en nuestro solar. No voy a repetir las ideas y los proyectos que ya expresé en la pasada campaña electoral, y que expuse de un modo sistemático en el reciente debate de investidura. Mi aspiración es gobernar pensando en todos los asturianos de fuera y de casa,  y no solo en unos pocos, por cercanos que me resulten. Quiero que mi Gobierno sea percibido por su vocación de aglutinar a la mayoría de los asturianos, especialmente a aquellos zarandeados por la crisis y por las decepciones. Quiero que mi Gobierno se mueva al dictado de las necesidades más urgentes, salpicándose en el barro de la realidad sin dejar de mirar al horizonte que nos traerá tiempos mejores si todos sabemos invocarlos y forjarlos.

 

Pero hay dos conceptos que sí quiero repetir y subrayar en este acto: gratitud y compromiso. Gracias a todos. Gracias a quienes han votado a mi formación política, a FORO ASTURIAS, gracias a quienes han dado su confianza a los demás partidos, a quienes han votado en blanco o a quienes se han abstenido. Ante todos proclamo hoy, una vez más, mi intención de dejar el pellejo en el esfuerzo para que la Asturias de hoy sea mejor que la de ayer, y para que los asturianos del mañana estén orgullosos de lo que hicimos, solidariamente, los actuales ciudadanos de esta hermosa tierra.

 

Finalmente, gracias a la Señora Ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino por honrar con su presencia y dar solemnidad con su representación del Gobierno de España este acto. Tuve el privilegio de conocer a Rosa Aguilar en el Congreso de los Diputados y de compartir con ella durante varios años tareas parlamentarias de muy diversa naturaleza de las que guardo un excelente recuerdo, recuerdo que desearía acrecentar en esta nueva etapa de relaciones entre ambos en el campo de la cooperación institucional. Le ruego que traslade el respeto del nuevo Gobierno de Asturias que presido a todo el Gobierno de España. Y sepa, además, que más allá de la colaboración leal que le ofrezco y de la exigencia responsable que le anuncio,  mientras sea el Presidente del Principado, los ministros del Gobierno de España no solo son bienvenidos a este país sino que en uso de la prerrogativa de cortesía que me confieren las normas de protocolo institucional presidirán, como hoy lo hace Vd., todos los actos en los que tengan a bien acudir  en el Principado de Asturias. No es una simple deferencia, querida Ministra. Quiero que el Gobierno de España lo interprete como un gesto de profundo significado político, en unos tiempos difíciles para nuestra convivencia constitucional, desde una tierra que aspira a compartir con las demás el camino hacia Europa, sin ser privilegiada ni marginada, sencillamente porque la mejor España no se entendería sin Asturias y Asturias no la entendemos sin España

 

Decía Salvador de Madariaga que “Asturias es el más universal de los reinos de España porque, mientras Cataluña quiere parecerse a Europa, Asturias quiere parecerse a sí misma”. La cita no es una apología del ensimismamiento ni un certificado de obsesivo inmovilismo. Es, por el contrario, un lúcido elogio a un pueblo inteligente, audaz, de raíces hondas y sin fronteras. Un elogio a un pueblo que es el nuestro, el de todos los asturianos…

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